FOTOPROTECCION - Dr. José J. Pereyra │ Dermatólogo Sevilla

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RECOMENDACIONES DE FOTOPROTECCIÓN

¿De qué nos tenemos que proteger?
Aunque el sol emite prácticamente en todo el espectro electromagnético, la radiación que incide directamente en la piel es la ultravioleta (UV), y dentro de ella la UVB y la UVA, la luz visible y la infrarroja.
La dosis de radiación que recibimos en un momento determinado depende de múltiples factores: latitud, altura sobre el nivel del mar, época del año, presencia de nubes, partículas de suspensión y espesor de la capa de ozono. Tampoco podemos dejar de considerar el riesgo de la exposición solar indirecta: la emitida por superficies reflectantes como nieve, hierba, arena o agua de mar también nos afecta.
Por supuesto, influye nuestra capacidad de broncearnos y de sufrir quemaduras: en función de ello Fitzpatrick dividió a las personas en seis fototipos cutáneos: desde el 1, que no se broncea nunca y se quema siempre, al IV, que se broncea siempre y jamás se quema. Los V y VI corresponden a las razas de piel oscura, prácticamente insensibles a los efectos perniciosos solares.

Cuando hablamos de fotoprotección, no debemos centrarnos SOLO en las cremas de protección; es importante abarcar tres aspectos que siempre deben ir unidos:
  • Normas básicas de protección solar
  • Medidas “físicas” (ropa…)
  • Fotoprotectores

1. Normas básicas de protección solar
  • En torno al mediodía astronómico (entre las 11 y las 16 horas), no se exponga al sol directamente, ni incluso habiéndose aplicado un protector solar.
  • Esta norma es de riguroso respeto las personas con fototipos I, II y III. También en personas que han padecido cáncer de piel o que presentan enfermedades que se agravan con el sol.
  • Esta protección debe mantenerse en las actividades recreativas (playa, montaña, piscinas, solarium, terrazas), en actividades laborales (agricultores, construcción, socorristas) o deportivas en recintos exteriores.
  • Conviene mantenerse resguardado del sol, en espacios interiores o a la sombra. No sirve sentarse bajo una sombrilla, ya que la arena refleja de forma abundante los rayos solares, que de modo indirecto nos alcanzan.
  • Caminar o estar dentro del agua tampoco nos protege; la sensación térmica disminuye, podemos estar más a gusto pero los rayos inciden igual o más (por el reflejo en el agua)
  • Tampoco exponerse al sol si el día está nublado. Aunque el cielo esté cubierto el 70-80% de los rayos UV siguen llegando a la piel.
  • En la nieve el reflejo de la luz del sol aumenta y, por tanto, sus efectos se multiplican.
  • Recuerde que son muy perjudiciales las quemaduras solares, sobre todo en la infancia y en ancianos
  • El resto de horas del día son las más propicias para realizar una exposición solar pero con ciertas consideraciones:
  • Puede ser muy perjudicial los baños de sol para broncearse en los fototipo I y II, que no deben ni intentarlo (con su tipo de piel nunca se pondrán morenos y siempre se quemarán).
  • El resto de fototipos deben procurar que el bronceado (si éste es irrenunciable) sea el mínimo que de un aire "saludable" a la piel (ningún grado de bronceado es saludable).
  • Las primeras exposiciones al sol deben ser progresivas en dosis de 10, 15 y 20 minutos, y preferentemente en movimiento. Y nunca más de media hora al día. La idea extendida de tomar sesiones de UVA para "preparar la piel" no es más que la aplicación popular de este principio de exposición breve y escalonada.
  • Extremar la precaución en las zonas del cuerpo más sensibles: cara, labios, cuello, cabeza, escote, senos, orejas y dorso de los pies.
  • No se debe permanecer tumbado inmóvil haciendo baños de sol durante más de un cuarto de hora seguido. Bajo ningún concepto se debe dormir bajo el sol. Conviene estar en movimiento realizando otras actividades, beber pequeñas cuantidades de agua, así como aplicarse agua sobre el cuerpo o bañarse para refrescar la piel.
  • No exponerse al sol si toma medicamentos que puedan reaccionar con el sol (pregunte a su dermatólogo o a su alergólogo si tiene duda).
  • Se debe evitar el uso de productos que contengan alcohol (perfumes, colonias, desodorantes, after-shave...) antes de la exposición solar, puesto que pueden causar manchas oscuras en la piel.
  • Durante el embarazo, puerperio o cuando se toman anticonceptivos orales u otros tratamientos hormonales, debe especialmente evitarse la exposición al sol y usar productos de alta protección por el riesgo de melasmas (manchas pardo-negruzcas que suelen aparecer en la cara).
  • Para compensar la pérdida de agua por el sudor por la exposición solar es conveniente beber abundante cantidad de líquido.
  • Después de tomar el sol, la piel está deteriorada por el aire, la sequedad, el cloro o la sal, por lo que conviene tomar una ducha con agua sin usar jabones con demasiados tensioactivos o perfumes , geles o esponjas. A continuación, aplicar una crema hidratante que nutra, refresque e hidrate la piel.
  • Para prevenir el envejecimiento cutáneo es recomendable consumir una cantidad adecuada de fruta fresca, verdura y cereales con un alto nivel de fibra y antioxidantes, como el betacaroteno. Por el mismo motivo se debe evitar el tabaco y moderar el consumo de bebidas alcohólicas, que también favorecen el envejecimiento cutáneo.
  • Aunque es indudable que el sol fomenta la síntesis de vitamina D, hay que tener en cuenta que en la sociedad europea occidental actual no existen, salvo contadísimas excepciones, deficiencias dietéticas de vitamina D, y que por lo tanto no tiene sentido exposiciones solares prolongadas con la pretensión de lograr supuestos beneficios en pacientes afectos de fracturas, artrosis, artritis, osteoporosis, etc.

Si la exposición es inevitable, es recomendable siempre utilizar indumentaria adecuada y filtros solares (fotoprotectores)

2. Indumentaria adecuada
Las radiaciones ultravioletas del sol se combaten fundamentalmente mediante prendas de vestir, de una forma mucho más eficaz que los filtros solares.
  • Es recomendable llevar una gorra o sombrero de ala amplia para proteger la cabeza y cara.
  • Las prendas más adecuadas son las de algodón, oscuras, poco porosas y secas (las prendas mojadas se "adhieren" a la piel y se elimina la capa de aire entre las dos, por lo que la capacidad de la ropa para filtrar la radiación del sol disminuye o se pierde)
  • Se ha de proteger la vista con unas gafas de sol que absorban la radiación ultravioleta.

3. Fotoprotectores:
Son preparaciones para aplicación externa que contienen sustancias que detienen parcialmente las radiaciones UV. Se preparan en una base líquida (emulsión o gel), semilíquida (crema) o sólida (barras o stick).
Según su composición, pueden ser de varios tipos:
  • Químicos: Absorben la radiación solar y la transforman en otros tipos de energía que no produce daño cutáneo.
  • Físicos: Dispersan y reflejan la radiación lumínica que incide sobre ellos. Son menos cosméticos, pues actúan como pantalla opaca.
  • Mixtos: Se obtienen al mezclar filtros químicos y físicos. Dispersan y reflejan la luz dentro de un espectro que incluye UVA, UVB e infrarrojos.
Consejos para la elección del fotoprotector
Para la elección del fotoprotector adecuado para usted, debe tener en cuenta la siguiente información que le ofrece el etiquetado de estos productos:

1. La potencia (FPS). EL FPS refleja la capacidad del fotoprotector de proteger frente a la radiación UVB. Es un índice (“un número”) que nos da idea del tiempo que podremos permanecer expuestos al sol sin riesgo de sufrir una quemadura. Se calcula mediante el cociente de la Dosis Eritematosa Mínima (DEM): tiempo de exposición necesario para desarrollar eritema o enrojecimiento por el sol) de la piel protegida y la DEM de la piel sin proteger. Teóricamente, mientras mayor sea el FPS, más alta será la protección frente al sol. Por ejemplo, dependiendo del tipo de piel (fototipo), si un individuo es capaz de permanecer el primer día de exposición durante 20 minutos al sol sin quemarse (DEM=20 minutos), la elección de un fotoprotector con FPS 25 le proporcionará una protección 25 veces superior. El FPS indica, por tanto, el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema, por lo que nos proporciona información sobre la protección frente a la radiación UVB, pero no informa sobre la protección frente al resto de radiación (UVA y UVC).

El sistema de numeración del FPS no es lineal. El 95% de reducción de radiación se consigue con fotoprotectores de FPS 20, llegando al 98% si utilizamos un FPS 50. De esto se deduce que la adecuada utilización de FPS 20-30 proporciona una protección adecuada en condiciones de exposición normales, excepto en condiciones de exposición extrema (navegación, montaña, nieve) o en personas especialmente susceptibles (enfermedad fotosensibilizante, cáncer de piel, queratosis actínicas, fotoenvejecimiento). De hecho, algunos países (Australia, Estados Unidos) etiquetan sus productos con un FPS máximo de 30.

Para unificar criterios, la FDA ha sugerido recientemente que se considere una protección mínima para FPS de 2 a 12; moderada, de 12 a 30, y alta, a partir de 30. Se desaconseja el término “pantalla total” para evitar que el usuario se llame a engaño, pues siempre existen riesgos.

2. Método de validación (COLIPA). Existen varios métodos para determinar el FPS de un producto fotoprotector. Entre ellos, el FDA americano, el AS/NZS 2604 australiano y el método COLIPA que es el homologado por la industria cosmética de la Comunidad Europea, y por tanto el que se aplica a los fotoprotectores de uso en nuestro medio.

3.Indice IP, IPD, PPD (protección UVA). Informa sobre la capacidad del fotoprotector de proteger frente a la radiación UVA. El IP no coincide con el FPS, son dos valores independientes y claramente identificados en el etiquetado. Un fotoprotector adecuado debe contar con los dos índices de protección.

4. Forma de presentación y cosmética. La cosmética y facilidad de aplicación de un fotoprotector es una característica a tener en cuenta si queremos garantizar su uso. Actualmente la cosmética de los productos está muy conseguida con presentaciones en cremas e incluso en aerosol, emulsión fluida y lociones, de fácil aplicación. Existen igualmente presentaciones con color y “oil free” especialmente indicadas para pieles grasas.

5. Información sobre alergias. Existen casos de alergia a algunos de los filtros contenidos en los fotoprotectores o a alguno de los excipientes. Por ejemplo, en caso de alergia conocida a PABA, debe buscar en el etiquetado que el fotoprotector esté libre de PABA (“PABA-free”).

6. Resistencia al agua. Existen dos conceptos para valorar esta cualidad: Según la FDA americana un producto es resistente al agua o Water Resistant si mantiene su factor de protección en la piel tras 2 inmersiones de 20 minutos, y es a prueba de agua o Waterproofcuando la mantiene después de 4 de 20 minutos.

7.Presentaciones “pediátricas o infantiles”. Los productos así etiquetados presentan propiedades adecuadas (FPS elevado, water resistant, excipientes) para una protección ideal en niños.
Consejos para la aplicación correcta del fotoprotector
NO es suficiente con la adquisición y aplicación de un fotoprotector. Está demostrado que la aplicación incorrecta de un fotoprotector hace que este pierda hasta un 50% de su capacidad protectora. Por ello, es conveniente seguir una serie de consejos simples para su aplicación:
  • Aplicar el fotoprotector 30 minutos antes de la exposición solar.
  • Reaplicar el fotoprotector al menos cada dos horas y después del baño o ejercicio intenso, especialmente si se trabaja al aire libre.
  • Aplicar cantidad suficiente de fotoprotector. Como norma, utilizar aproximadamente la mano llena para su aplicación en todo el cuerpo (aprox. 28 gramos). la cantidad aplicada para medir el factor de protección es de 2 ml/cm2 o 2mg/cm2.
  • Aplicarlo en todas las zonas expuestas al sol, incluyendo pabellones auriculares, hombros y la parte posterior de rodillas y piernas.
  • Los fotoprotectores nunca deben considerarse un procedimiento sin riesgos para prolongar la exposición solar sin sufrir quemadura. Aunque no se vean los efectos a corto plazo, pueden producirse carcinomas, melanomas y envejecimiento

Fotoprotección en circunstancias especiales
1. Fotoprotección en la Infancia
La radiación solar que se recibe en los primeros años de la vida es determinante del riesgo de desarrollar cáncer de piel en la vida adulta. También se ha demostrado una relación directa entre la exposición solar en la infancia y el desarrollo de un mayor número de nevos melanocíticos. Por tanto, es un momento crítico en la protección.
Básicamente deben seguirse las mismas medidas desarrolladas para el adulto teniendo en cuenta que las cremas fotoprotectoras son una medida más, complementaria, que debe asociarse al uso de ropas y gorros protectores y a la medida general de evitar exposición solar en horas extremas. Las cremas fotoprotectoras deben contar con un FPS superior a 30, teniendo en cuenta que existen presentaciones especialmente preparadas para uso pediátrico. Deben ser resistentes al agua y al sudor, y hay que tener en cuenta que la mayor actividad de los niños (juegos, baños, etc) obligará a una aplicación repetida del fotoprotector.

2. Pacientes afectos de psoriasis
  • Iniciar la exposición al sol con sesiones muy breves, aumentando gradualmente la dosis. Conviene ser constante.
  • Es muy importante evitar las quemaduras solares, puesto que pueden empeorar la psoriasis.
  • Utilizar filtros solares, que disminuyen el riesgo de quemadura permitiendo, no obstante, el efecto del sol. Los fotoprotectores sirven también para disminuir el envejecimiento cutáneo y el riesgo de cáncer de piel. Se recomienda proteger, sobre todo, las zonas no afectadas por la psoriasis.
  • Evitar las horas de mayor intensidad de los rayos solares.
  • Llevar gafas protectoras contra los rayos ultravioleta (UVA y UVB), que a la larga podrían causar cataratas.
  • Aplicar cremas hidratantes, que reducen la sequedad de la piel, disminuyen el picor y mejoran el efecto del sol. El empleo de filtros solares con vehículo hidratante, rico en ácidos grasos, resulta también beneficioso.
  • No todos los pacientes de psoriasis mejoran con la exposición al sol. En algunos casos, denominados psoriasis fotosensible, el efecto de la radiación UV es negativo, induciéndose la aparición de nuevas lesiones. En otros casos, la psoriasis puede ir asociada a otras enfermedades en los que la acción del sol es negativa, como el lupus eritematoso, la erupción solar polimorfa, la urticaria solar, etc.
  • Las personas con psoriasis pustulosa o eritrodérmica raramente mejoran con el sol.

3. Pacientes afectos de dermatitis atópica o ictiosis
  • Se debe realizar una exposición solar moderada y progresiva, evitando siempre la producción de quemaduras.
  • El uso de fotoprotectores no impide los beneficios inducidos por la helioterapia en pacientes afectos de dermatitis atópica o ictiosis vulgar.
  • Dado que muchos de los pacientes afectados por dermatitis atópica son niños, tendremos en cuenta las recomendaciones de la fotoprotección en la infancia, utilizando preferiblemente filtros físicos.
  • Deberán evitarse fotoprotectores cuyos excipientes contribuyan a resecar la piel (geles, lociones alcohólicas, etc.), resultando muy útiles los vehículos hidratantes y ricos en ácidos grasos esenciales ( omega 6), ceramidas, etc.
  • No se recomienda la exposición solar ante la existencia de pitiriasis alba o dartros acromiante. Representan zonas de inflamación por sequedad que momentáneamente lesionan la piel impidiendo su bronceado, produciendo por contraste con la piel circundante sí bronceada, inestéticas máculas hipocrómicas y descamativas.
  • No se recomienda la exposición solar ante la existencia de lesiones faciales de dermatitis atópica del adulto (caja roja atópica), en las que la luz ultravioleta (principalmente UVB) actúa como factor agravante y desencadenante.

4. Pacientes afectos de acné
  • Aunque la mayoría de las personas afectadas de acné mejoran durante el verano, muchas de ellas experimentan un intenso rebrote en los meses otoñales. Por ello se le recomienda que la exposición al sol debe hacerse de forma gradual, utilizando fotoprotectores con un índice de protección medio alto (FPS 15).
  • Con mucha frecuencia, los pacientes afectados de acné están realizando tratamientos médicos que pueden resultar fotosensibilizantes, como las tetraciclinas orales, los retinoides, el peróxido de benzoilo, etc., lo que hace aconsejable el uso de fotoprotectores durante los meses estivales. Si no se realizan las adecuadas medidas de fotoprotección, puede producirse una pigmentación de las lesiones residuales y cicatriciales del acné, lo que determinará una complicación estética, en ocasiones difícil de resolver.
  • Aunque la mayoría de los casos de acné mejoran con una exposición al sol moderada y gradual, existen formas de acné denominadas acné estivalis o acné Mallorca, en los que el desencadenante externo fundamental son las propias radiaciones solares.
  • Los pacientes afectados de acné deberían utilizar fotoprotección específica para el paciente acneico, ya que los excipientes con contenido graso del fotoprotector podrían resultar comedogénicos, perpetuando o agravando el acné.
Esta información se facilita exclusivamente con fines informativos y educativos, no constituye recomendación ni asesoramiento destinado a pacientes y no pretende sustituir el consejo de un dermatólogo profesional. No debe utilizar la información contenida en este sitio web para diagnosticar un problema de salud. Siempre debe consultar a un médico o a otro profesional sanitario para cualquier duda o consulta ya que  cada paciente y cada caso específicos requieren atención personalizada.
 
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